Los turistas se detuvieron frente a la casa. Eran de mediana edad. Los varones iban uno al lado del otro mientras las mujeres caminaban unos pasos atrás. Pero los cuatro se detuvieron frente a la casa. Los varones se cruzaron de brazos y uno de ellos colocó dos de sus dedos- del brazo izquierdo- rodeando su boca y el dedo índice sobre la sien mostrando una actitud de reflexión y análisis. La observadora circunstancial se preguntó cuál era la razón para que algunos turistas de transformaran rápidamente en émulos de Le Corbusier y de Oscar Niemeyer juntos. Siempre le había llamado la atención esas actitudes y las que continuaron le permitían acrecentar la evidencia empírica y nada más, mientras continuaba sin las respuestas precisas.

Los varones exhibiendo señas de análisis e interpretaciones comentaban entre ellos. Las mujeres, mostrando gestos más desenvueltos hablaban entre sí, también mirando atentamente a la casa. A los pocos minutos, las dos parejas ya recorrían los diversos espacios de la casa. Subieron los dos peldaños e ingresaron por la puerta delantera, que daba a la calle. Se trataba de una construcción inconclusa. Carecía de aberturas y cerámicos en los pisos. Tras el ingreso observaron un amplio espacio con grandes ventanas en la derecha. Las parejas coincidieron que allí sería la cocina y comedor. A las paredes aún les faltaba el revoque fino, la grifería tampoco estaba colocada ni en la cocina y los que – dedujeron- serían los dos baños. Hallaron tres cuartos que sin dudar decidieron que serían dormitorios. Tras el recorrido concluyeron que se trataría de una familia con varios integrantes. De ese largo pasillo que recorría los cuartos llegaron a otra salida donde, tras descender dos peldaños también, se asomaron a un espacio que –coligieron- sería un gran patio. Allí aún había árboles nativos y los yuyos se asomaban entre los escombros. En el exterior de la casa otro espacio muy amplio lleno de restos de la construcción. En el lado izquierdo había quedado una casilla pequeña, de chapas. Tal vez allí guardaban el material. Una de las mujeres advirtió una cantidad de huesos que mostraban los clásicos asados de las construcciones, sin ningún resto de carne de aquellos momentos, gracias tal vez, al aporte de algunos perros. Antes de partir les llamó la atención no ver asador ni cocheras. También tuvieron la impresión que la construcción estaba detenida. ¿ Se habrían quedado sin dinero para continuar? Preguntó una de las mujeres y la otra agregó ¿o se divorciaron? Pero los varones, al tiempo que volvían a la calle expresaron muy tranquilos: seguro que por la pandemia no volvieron. No nos olvidemos que este es un lugar turístico y vimos otras casas que también estaban sin concluir. A lo cual su mujer expresó: – pero en esas había material de construcción y acá nada….algo debió ocurrirle a esa gente. Los análisis sociológicos también podían integrar los discursos de los turistas, aunque la arquitectura parecía ser la elegida.

Las dos parejas continuaron su paseo observando atentamente las otras casas que hallaron en su recorrido.

 

II

A comienzo de febrero en el 2020, el vecino vio que en un lote casi frente a su casa, descendían tres mujeres de un jeep Renegade sport blanco. Tras ese auto estacionó la camioneta Amarok que identificó era del constructor. El vecino lo reconoció pues lo veía a menudo y también le había construido su casa. Calculó que el lote tendría casi 1000 metros, como la mayoría de los de la cuadra. Las tres mujeres y el constructor comenzaron a recorrer el espacio. Eran casi las once de la mañana con temperaturas elevadas pero la suave brisa las hacía soportables. Las tres mujeres cubrían sus cabezas con sencillos sombreros. Hablaban y reían junto al constructor, quien indicaba extendiendo sus brazos. Transcurridos unos veinte minutos tanto las mujeres como el constructor subieron a sus autos y partieron. Este último saludó al vecino al pasar frente a su casa y le prometió regresar en unos días para ver un arreglo por el cual le había consultado en días previos.

Las tres mujeres regresaron al hotel y allí, tras haberse colocado sus mallas, partieron bronceador en mano, sombreros y se sentaron cerca de la pileta, bajo una sombrilla. A los pocos minutos un mozo les acercó dos vasos con un batido de gancia y limón y una botellita de Sprite y otro vaso con limón. Hablaban sin parar y se sentían exultantes. Reían y recordaban cuantas veces habían conversado sobre el mismo tema. Se habían conocido hace más de treinta años mientras cada una lidiaba con su mudanza en el edificio en el cual instalarían sus estudios y consultorio.  Ana y su marido eran abogados; Cristina y el suyo contadores. Si bien tendrían sus estudios en el mismo edificio, cada miembro de la pareja contaría con su oficina propia. Elena era médica ginecóloga y la única soltera de las tres. Tras cruzarse en los pasillos o en el ascensor fueron conociendo la vida de las otras. Luego fue compartir algunas salidas juntas y después junto a sus parejas. Más tarde el tema de los hijos acrecentó los vínculos entre ellas. Si bien Elena no aportaba a ese grupo, pero al ser médica sus comentarios importaban.

En febrero del 2020 sentadas cerca de la pileta del hotel reían recordando anécdotas de vidas compartidas durante más de tres décadas. Las tres superaban los 60 años y ya con muchas ganas de jubilarse en sus respectivas actividades. Cristina hacía casi quince años se había divorciado de su marido. En esos años intentó con otra pareja, pero con menos formalidades y ya todo eso quedaba en el pasado con un marido a quien solo le interesaban los datos de la AFIP, sus clientes y sus rendiciones de impuestos. Ana continuaba con el suyo y compartían juicios y un buen pasar. Elena nunca formalizó sus relaciones y todas pasaron por la clandestinidad, aunque ella alguna vez había reconocido que en cierta etapa de su vida le hubiera gustado algo formal. Las dos primeras tenían los hijos grandes y también profesionales. Cada uno con sus familias propias y así ellas estrenaron sus roles de abuelas. Elena pasó a ser una especie de tía muy generosa y siempre dispuesta a colaborar y proteger a esos niños hoy adultos y su nueva prole.

Varios años atrás, un poco en broma en una navidad, mientras los maridos hablaban de negocios y otros temas de su interés, ellas con sus copas de champagne en la mano imaginaban el futuro que por entonces parecía muy lejano. En todos esos años también compartieron viajes sin acompañantes masculinos. Los hijos crecían casi como los conflictos de pareja. Un día Cristina les avisó que había decidido divorciarse, pero mantendría su oficina junto a su marido, solamente para no afectar la imagen del estudio y la opinión de algunos clientes a quienes les interesaba mantener. Ana se había enterado de algunos roces sexuales de su marido en camas diferentes sin mayores trascendencias. Ella, en algunos viajes también había visitado otras camas sin que quedaran huellas. Elena se había acostumbrado a esas relaciones que puertas adentro la hacían sentir muy bien y con el paso de los años ya no soñó con tomar un café en algún bar del centro con su pareja. El paso del tiempo y sus historias compartidas fueron consolidando la amistad. También aquella idea nacida en una navidad fue creciendo y en la del 2019 decidieron que el proyecto se haría realidad. No querían un lugar con recuerdos previos por eso durante meses habían pasado horas googleando hasta que coincidieron en ese pueblo en la provincia de San Luis. Les atrajo que no fuese un pueblo grande pero tampoco alejado de otros centros más conocidos. En uno de esos centros más nombrados para el turismo llegaron las tres dispuestas a hacer realidad el proyecto de tener una casa para ellas tres. El conserje nocturno del hotel donde se alojaron, que era de ese pequeño pueblo, las entusiasmó para que lo conocieran y hasta les pasó data de una inmobiliaria. Al día siguiente, en el jeep blanco de Ana partieron a ver cómo era el pueblo. Primero fue Cristina quien expresó que allí el aire era diferente. Acostumbradas a la polución urbana sentir el viento entrándoles en los pulmones ya era un elemento a favor porque no olía a cemento y gases de autos.

En la inmobiliaria se sintieron muy bien atendidas y luego, junto a uno de los empleados salieron a ver posibles lotes. Al llegar al cuarto, todos en distintos lugares, las tres sintieron que estaban en el elegido. La cercanía con la Comechingones que ese día se mostraba semi cubierta con nubes que la recorrían en su parte superior entremezclándose con unos rayos de sol que se colaban en ciertos espacios, fue decisiva en la elección. En esa cuadra había otras pocas casas, todas parecían nuevas en su construcción. El empleado de la inmobiliaria les comentó que eran pocos los que vivían de modo permanente, la mayoría llegaban algunos fines de semana y en las vacaciones. Ese sería el lugar para el proyecto. Acordaron que al día siguiente volverían con el constructor para definir los detalles de la futura casa. Allí sería el lugar de disfrute de las tres: lejos de obligaciones, cada una haciendo las cosas que más le gustaban, probando comidas y vinos. También algún champagne viendo salir la luna tras las sierras y riéndose de sus vidas.

Al día siguiente junto al constructor volvieron a recorrer el lote y acordaron que el 2 de enero del 2021 se instalarían para pasar todo el verano allí. Tras arreglar la compra del lote y acordar la modalidad de la construcción acordaron que en la semana entrante el constructor les enviaría los posibles diseños y así comenzar rápidamente la edificación.

Esa noche, a la vera de la pileta en el hotel brindaron felices mientras vaciaban dos botellas de champagne y reían imaginando los comentarios de hijos y amigos. Acordaron que nada de visitas de hijos ni nietos, sólo de modo excepcional y tal vez en algunos años más adelante.

Mientras esa noche de febrero las tres mujeres brindaban por un futuro que auguraban diferente para ellas y quizá el comienzo de una nueva etapa en sus vidas, a miles de km en una ciudad extraña para la mayoría de lxs argentinxs, llamada Wuhan, un virus desconocido iba extendiendo su peligrosidad.

En las semanas subsiguientes el vecino comenzó a habituarse a ver movimientos en el lote frente a su casa por donde había visto a las tres mujeres y el constructor. Iniciaron la limpieza de árboles y matorrales; tras ello otra cuadrilla se abocó a los preparativos para la construcción. La comunicación con las nuevas dueñas se volvió habitual realizarla de modo virtual. El contrato había sido muy claro: el enero del 2021 la casa estaría lista para ser habitada.

 

III

Un día en el mes de marzo del 2020, los medios de comunicación y las redes sociales preanunciaban posibles medidas que esa noche explicitaría el presidente de la nación. Para miles y miles de ciudadanos que, tal vez, nunca habían estado interesados en escuchar mensajes presidenciales, concentrarse frente a las pantallas pareció la gran consigna. Esa noche comenzaron a incorporarse en el discurso cotidiano palabras no habituales: aislamiento, pandemia, contagios, que con el transcurrir de los meses sumarían otras tantas sin que ello implicara contar con formación previa para comprender la semántica adecuada de cada una de ellas.

Tras la finalización del mensaje presidencial, las tres amigas ya estaban en contacto. Quizá por su formación profesional, Elena fue la más cautelosa en sus opiniones. Ana y Cristina se mostraban un poco optimistas en cuanto a la extensión de ese aislamiento. La preocupación por la casa en las sierras fue un tema central en sus comunicaciones. El constructor las tranquilizó pues en el pueblo aún era posible continuar con algunas actividades. Hubo días en los que las tareas en la obra se debieron ralentizar ante las medidas que anunciaba el comité de crisis provincial, pero en las semanas siguientes mejoraba la situación y era posible retomar el trabajo. La pandemia no se resolvía y a ello se agregaron las dificultades de movilizarse entre las provincias. Sin embargo, el constructor las mantenía informadas acerca de los avances y también les enviaba fotos de los mismos.

Las tres mujeres debieron asumir que ya integraban el grupo de población en riesgo por la edad. El zoom se incorporó como la herramienta tecnológica fundamental para continuar sus encuentros y también mantener sus tareas profesionales. En esas conversaciones el tema de la casa en las sierras siempre estaba presente. A pesar de las ganas e ilusiones que cada una demostraba imaginándose en la casa, la situación sanitaria, lejos de mejorar, cada día se complicaba más.  En julio el constructor les avisó que detendrían la obra por una semana pues la provincia comenzaba a mostrar aumentos de casos. A más de 800 km las tres mujeres, día tras día, comenzaron a interesarse por el escenario sanitario de la provincia. Transcurridas un par de semanas, un nuevo mensaje del constructor les anunció que reanudaban las actividades. De modo lento y con algunos altibajos por falta de material ocasionados por la carencia de los mismos en el comercio ante las dificultades para viajar los camiones de transporte a otras provincias, se fue regularizando. La situación sanitaria provincial comenzaba a mejorar y en octubre la casa mostraba importantes avances en su construcción.

Una tarde de noviembre, más allá de las dificultades en la circulación, Cristina y Elena, acudieron presurosamente al departamento de Ana. Su marido había fallecido en un accidente automovilístico. Las amigas se dijeron que con mayor razón era necesario concluir la construcción de la casa en las sierras. Como los tres mosqueteros estarían juntas apoyándose emocionalmente. Cristina habló con el constructor para urgirlo a finalizar la casa tal como habían acordado en febrero del 2020.

El anuncio de la llegada de la Sputnik V las ilusionó. Las actividades en la ciudad de Buenos Aires se iban flexibilizando. Cada una ya contaba con una variada colección de barbijos y el alcohol en gel en sus carteras y cada auto. Un día, con todos los cuidados, Ana las invitó a su departamento a almorzar y, entre degustación de un nuevo vino aportado por Elena, el tema de la casa en las sierras fue motivo de conversaciones. Acaso la construcción se demorase unas semanas como resultado de las situaciones que la pandemia había ocasionado, pero estaban convencidas que en el 2021 se iniciaría una nueva etapa para ellas.

El 15 de diciembre el hijo de Cristina llamó a Elena, sumamente preocupado, porque su madre tenía covid-19. Ella recordó que su amiga era diabética e inmediatamente quiso ir a verla al sanatorio. En los primeros momentos parecía no presentar mayores complicaciones. No obstante, a los pocos días su cuadro clínico comenzó a deteriorarse. Luego de dos semanas de pequeños avances y retrocesos Cristina falleció. Demasiadas despedidas para un proyecto de vida que las tres auguraban pleno de felicidad.

Fueron muchas horas de enojarse con la vida, de llantos compartidos y de necesarios abrazos con dolorosas ausencias. Era preciso tomar nuevas decisiones.

El 30 de diciembre, Ana llamó al constructor quien con entusiasmo le comentó que ya era posible el ingreso a la provincia, las esperaba para que viesen los avances en la casa y ya fuesen planificando los detalles del interior. Allí, Ana le comentó todo lo que había ocurrido y la decisión que habían tomado con Elena.

 

IV

El 3 de enero del 2021, el vecino se asombró al ver que en un camión cargaban las herramientas de trabajo. En toda la semana no volvió a ver a los obreros que regresaran.

El 10 de enero pasaron las parejas de turistas por primera vez. Cuando volvieron a pasar el 12 de enero una de las mujeres advirtió un cartel que no estaba antes. VENTA, anunciaba junto al logo de la inmobiliaria. Les dije, comentó la mujer evidenciando la conclusión de su sospecha, algo raro había en esta casa por lo cual estaba parada la construcción. Intuición femenina, le respondió con sorna su marido y continuaron caminando.

A los pocos minutos un perro vagabundo ingresó en la casa. Olfateó por todos lados como buscando algo conocido. Sin lograr, quizá, su cometido, vio unos huesos pelados y sobre ellos hizo sus necesidades fisiológicas.

 

 

Graciela Castro

por Graciela Castro

Vivo en Villa Mercedes (S.L) Argentina. Me formé en ciencias sociales y soy docente e investigadora en la universidad pública. Amo las palabras, la música, el arte, la naturaleza y los animales. Apuesto por una sociedad con justicia y dignidad para todxs.

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